jueves, 11 de septiembre de 2008

"El Lugar de mis Sueños"

Esa mañana desperté con ganas de viajar, con un poco de codicia y ambición, y quizás algo de tristeza. Hace meses que planeaba buscar un paisaje que aparecía repetitivamente en mis sueños. Mañana tras mañana despertaba intranquilo, pero feliz, era porque nuevamente aparecía ese hermosos paisaje con verdes planicies y cientos de flores de colores donde hasta su olor se podía sentir. 
Esa mañana estaba seguro que iba a llegar a dicho lugar. Tomé un par de cosas y me dirigí con una actitud eufórica a emprender mi viaje. 
Llevaba dos días caminando entre calles y edificios, no dormía para no perder tiempo; pronto mi hijo estará de cumpleaños y me prometí llegar ese día con fotos y recuerdos del lugar. Mi corazón se sentía emocionando, tenía que cumplir con la promesa. 
Caminando ya durante cinco días me encontré con una casita de madera, estaba al lado de un gran edificio que la opacaba un poco, sin embargo sus piso me llamó la atención. Hecho de tablas de colores distinto y escritas, me acerqué para ver de qué se trataba, eran tan solo frases de otros viajeros que al parecer buscaban el mismo lugar que yo. Decidí entrar y refugiarme ahí hasta el otro día. El lugar estaba empapelado de dibujos y escritos, todos mostraban y relataban un lugar similar al de mis sueños. Tomé una manta y dormí placidamente hasta el otro día. Al despertar me asomé por la ventana y noté que ya no estaba entre edificios, si no que entre árboles. Asustado tomé mis cosas y salí a caminar. Los árboles estaban negros y viejos, el lugar olía mal, el agua del río que se encontraba cerca era café y los peces muertos flotaban por todo lados. El piso eran bolsas plásticas y diarios. En ese momento recordé cuantas veces había ensuciado mi alrededor, me sentí culpable y para remediar eso empecé a limpiar. Me tomó tres días recoger la basura, dos días en cortar las ramas muertas de los árboles, y un día recoger los peces muertos. Después de tanto trabajo, el lugar había quedado limpio y hermoso. Poco a poco unos pájaritos comenzaron a piar y a volar, unos conejitos salieron detrás de unas matas y recorrieron su nuevo hogar, y finalmente de entre unas rocas se asomó una carita tierna y unas orejitas, era un pequeño perrito que antes de que yo limpiara había sido un feroz lobo. Corrió hacía mi con la intención de jugar. De pronto miré el lugar y mágicamente me di cuenta que aquel viejo y sucio terreno, que hoy estaba limpio, era el lugar de mis sueños. Me senté bajo un árbol con mi nuevo amigo y lloré, lloré mucho, no sé si de felicidad o tristeza, tan sólo lloré hasta que me dormí.
Al parecer dormí mucho, porque al despertar las hojas ya no eran verdes, sino café lo que me indicaba que el otoño había llegado. Pensé en el cumpleaños de mi hijo y me deprimí, este había sido en verano. Recogí  mis cosas y junto al perrito corrimos, corrimos hasta llegar de nuevo cerca de los edificios. De lo lejos podía observar mi casa, las lágrimas me corrían, metí mi mano al bolsillo y saqué una de las tantas fotos que había tomado en el lugar. Abrí la puerta de mi casa y a mi encuentro salió mi hijo, me abrazó y me preguntó, ¿ Papá por qué llegas tan rápido, si recién saliste hace unos minutos? Lo miré con los ojos llorosos y me repondí: Hijo, al lugar donde fui, el tiempo no existe.  


2006