Daba vueltas en su silla sin parar esperando que alguna idea se le viniera a la cabeza, no era fácil tener a su cargo un par de tipos que lo apuraban con aquel guión tan importante. El sueño no era poderoso a su lado, podía pasar días y hasta semanas sin pegar ni un solo ojo. Admirado y odiado por su capacidad de destruir y construir en poco tiempo ideas y hasta vidas, solicitado y rechazado por sus cualidades poco comunes, buscó la forma de hacer lo que le gustaba, escribir, claro sin dejar de lado su fascinación por el cine.
Esa pequeñísima corriente de aire que entraba por la ventana de enfrente le encantaba, hacía brotar cada gotita de imaginación que poseía, su característico café sin azúcar inundaba la habitación de olor, sensación de estar en algún lugar de Europa compartiendo, y el sonido de los árboles pegando con la ventana principal de la casa hacían que el ambiente en que se desenvolvía fuera mas bien poco normal. Y así seguía girando, girando mirando el techo con incertidumbre, pensando la forma de escapar solo por un momento de aquella preocupación que le aquejaba. Nada era muy difícil para él, tenía completo poder sobre sus decisiones, durante su corta vida nunca había dudado, firme dando cada paso. Sin embargo no podía evitar, cuando se encontraba solo, desesperarse de forma descontrolada.
Si no fuera por el toc toc de la puerta que daba hacia la calle principal su cuerpo no se hubiese movido de la posición en que se encontraba. Toc Toc por segunda vez, esta con más intensidad, se paró de la silla que bastante gastada estaba de tanto girar, y con los zapatos a medio poner se dirigió a la puerta, primero miró para ver quien era, pero la niebla que a esa hora había bajado no dejaba notar en lo absoluto. Esperó un par de segundos una tercera señal de búsqueda, nada ocurrió. Caminó esta vez descalzo por la baldosa con tierra de hace meses, su color ya no se distinguía. Su destino era seguir girando en busca de nuevas ideas para dejar conforme a los dos hombres que trabajaban con él y ser beneficiado con una suma de dinero justa para pagar el arriendo de la casa, pagar las cuentas y comprar algo de comida.
Poco a poco la pesada sensación de dormir se posó sobre sus hombros, llevaba cuatro noches sin ni siquiera mantener un pestañeo por más de diez segundos, ya era tiempo de que se entregara a los brazos de Morfeo.
Su paso liviano y despacio no interfería en el camino de trabajo que tenían las hormigas. Las nubes que se acercaban y se iban constantemente producían una sensación de vértigo que ni con la mejor droga podía ser superado. A lo lejos una sombra deforme bailaba al son de las campanas que colgaban de los árboles desde su tronco. El tormentoso sol quemaba sin piedad sobre aquellos caminantes desnudos que cargaban hojas de palmeras en dirección a una enorme escalera que conducía al cielo. Caminó rápidamente por el sendero de margaritas multicolores, una fuerte luz lo guiaba sin control al final de un doble arco iris que inundaba el cielo de sus matices. Nunca antes había sido tan libre y tan feliz.
2 comentarios:
Es cuatico como los olores, sabores, nos pueden transportar a lugares y tiempos pasados. es genial, o también cuando veo ese fotolog de culto recuerdo toda mi infancia.
buenisimo el relato!
saludos Mili!
me gusta como escribes. tienes un talento especial y le das un toque dulce a tus palabras. :D
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