
- ¿Qué pasó?-. Mi madre se levantó de su silla y me trató de calmar mientras de sus ojos caían lágrimas que mojaban las sábanas.
- Estarás bien hijo-. Me dijo temblorosa.
En ese momento el doctor venía entrando con unos papeles en la mano. Me inyectó un par de remedios, que en cosa de segundos me sacaron de este mundo para volver al de los sueños.
- Hola dulce Francisca -. Se escuchó despacio.
Tomó la silla de la esquina del cuarto y la acercó a mi lado, me recogió mi mano y la acarició mientras me contaba lo que había pasado todo este tiempo.
-Estamos todos muy preocupados por ti, tu madre me llama todos los días para venir a verte. Mira a tu alrededor, te traje un ramo de flores cada día que vine.Sólo ahí atine a echar un vistazo al cuarto, estaba repleto de flores, no había más espacio, hasta se alcanzaba a percibir el olor de las más antiguas. Era hermoso.
-Francisca, ¿Qué me pasó?-.
Terminé de preguntar eso, y ella ya estaba cerrando la puerta, se escapó, nadie me quería decir que pasaba. En eso entró mi madre con el libro de Don Pablo bajo el brazo, sus ojos hinchados me daban a entender su permanente llanto.
-Mami, llevame a mi casa-. Le dije llorando.
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